Sirvan estas líneas como justa remembranza a una de las mejores atletas del mundo< de esas que suelen prestigiar las pistas con el solo hecho de hacer acto de presencia.
Tengo un amigo que de deporte sabe muy poco, casi nada, diría yo. Con mucho esfuerzo y nacionalismo sigue lo que pueda hacer Cuba cuando se celebran unos Juegos múltiples; fuera de eso, vive ajeno por completo a las novedades o tendencias del mundo del músculo. Solo de una atleta le he visto filosofar a mi amigo; de Carolina Klüft, a quien adoraba ver competir y de quien domina al dedillo los detalles que la inmortalizan dentro de su especialidad.
La escandinava llegó al deporte por puro placer, porque le resultaba atractivo y encontró en las pistas una vía de salida para invertir toda la energía que acumulaba a diario. Se pasaba todo el rato saltando, corriendo y lanzando; todo a la vez, por ello recaló en el heptatlón.

