Tremenda semanita la que ha tenido el ciclismo y el deporte en general. Con Lance Armstrong a la carga, ha quedado poco espacio en primera fila para el resto de los -tristemente- célebres casos de dopaje que hasta su confesión ocupaban los planos estelares en el listado de escándalos de mayor trascendencia.
Y es que ahora mismo, la llamada “era de los esteroides” que marcó al béisbol profesional de los Estados Unidos tras comprobarse que en la espectacularidad de la “Gran Carpa” coexistían componentes de ilegalidad y en la cual muchas de sus estrellas , Roger Clement y Barry Bonds de por medio, quedaron eclipsadas por el uso de sustancias estimulantes, o el sonado asunto de la también norteamericana Marion Jones (atletismo) se ven como niños ante el terremoto de un Armstrong que admitió toda culpa e incluso más.